Salta News

Cargando fecha...

Cargando...

Cóndores que regresan al cielo: doble liberación en las alturas de Cachi

Compartir

En el filo majestuoso de Piedra del Molino, donde el viento golpea las montañas y el silencio parece antiguo, dos siluetas negras volvieron a conquistar el aire. Allí, en el corazón de Cachi, fueron liberados Puriq y Kuntur, dos ejemplares de Vultur gryphus que meses atrás habían sido encontrados sin poder volar.

Puriq —“viajero”, en quechua— es un macho adulto que apareció en noviembre pasado en un club de campo de San Lorenzo, incapaz de levantar vuelo. Kuntur —“cóndor”—, más joven, fue hallado en julio de 2025 en la localidad de Alemania, también inmovilizado. Ambos casos encendieron las alarmas del sistema provincial de conservación.

El proceso de recuperación fue extenso y articulado. La Estación de Fauna Autóctona (EFA), bajo la coordinación de su equipo técnico, llevó adelante los primeros cuidados y el seguimiento clínico. En paralelo, se activó el convenio que la Secretaría de Ambiente mantiene con la Fundación Bioandina Argentina, el Ecoparque de Buenos Aires y la Fundación Temaikèn, lo que permitió enviar muestras sanguíneas a Buenos Aires para estudios especializados.

Los chequeos incluyeron análisis de laboratorio, estudios radiográficos y ecografías realizadas con sedación en la Universidad Católica de Salta. Solo tras confirmar la evolución favorable y el estado sanitario óptimo, se autorizó la liberación.

El escenario elegido no fue casual. Desde Piedra del Molino, con vistas abiertas a la Quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo, el horizonte ofrece corrientes térmicas ideales para el planeo de esta especie emblemática de la Cordillera. Allí, ante autoridades ambientales, veterinarios y guardaparques, las jaulas se abrieron y las aves respondieron con un impulso instintivo: alas extendidas, tres metros de envergadura cortando el cielo, y el regreso a su territorio natural.

El cóndor andino no es solo el ave voladora más grande del planeta por combinación de peso y extensión alar —puede alcanzar los 3,3 metros y los 15 kilos—; es también un símbolo biológico y cultural de los Andes. Carroñero, longevo —supera en algunos casos los 70 años— y pieza clave en el equilibrio sanitario de los ecosistemas, su presencia indica salud ambiental.

Cada liberación es, en rigor, una segunda oportunidad. Para Puriq y Kuntur, significó recuperar el viento. Para el sistema de conservación, una confirmación de que la articulación entre ciencia, Estado y organizaciones puede traducirse en alas abiertas sobre la montaña.