A poco de cumplirse nueve años del doble homicidio de Alejandra Ximena Párraga, de 26 años, y de su hijo Amir, de dos, que derivó en la condena a prisión perpetua del periodista Franco Rodrigo Gaspar Cinco, entonces pareja de la mujer, por homicidio doblemente calificado, el caso volvió a instalarse en la agenda pública por el fuerte impacto social y judicial que generó.
El hecho ocurrió el 5 de junio de 2017 en una vivienda del barrio Villa Cristina. Según se acreditó durante el juicio, madre e hijo murieron con minutos de diferencia tras ingerir ácido cianhídrico, una sustancia altamente tóxica que fue introducida en el domicilio como parte de una acción planificada.
De acuerdo con la investigación judicial, Gaspar Cinco llegó al lugar con una botella que presentó como “agua bendita”, la cual en realidad contenía el veneno. El niño fue quien ingirió primero el líquido y falleció tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. Minutos después, Alejandra comenzó a descompensarse y murió poco tiempo más tarde en el Hospital San Bernardo, también como consecuencia del envenenamiento.
La causa permitió establecer que el hecho no fue accidental ni impulsivo. Días antes del crimen, el acusado había adquirido potasio cianuro en un comercio de la ciudad. Además, se incorporó al expediente un episodio previo ocurrido el 25 de mayo de 2017, en el dique Cabra Corral, donde el niño estuvo en riesgo de ahogarse mientras estaba bajo el cuidado de Gaspar Cinco, situación que fue advertida por un tercero.
Durante el proceso judicial, según recordó Gente de Salta, el acusado intentó atribuir la responsabilidad del hecho a la propia víctima, una versión que fue descartada por el tribunal. En los fundamentos del fallo se señaló que quedó plenamente acreditada la materialidad de los hechos y la responsabilidad penal del imputado.
En mayo de 2018, la Justicia salteña condenó a Franco Rodrigo Gaspar Cinco a prisión perpetua por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por el medio empleado – veneno -, además de una tentativa previa. La sentencia destacó la planificación del hecho y la gravedad del método utilizado.
A nueve años del crimen, el caso continúa presente en la memoria colectiva de Salta y es recordado como uno de los hechos judiciales más significativos de la última década.




