La celebración, que se realiza dos semanas antes del Domingo de Carnaval, inaugura el tiempo de rituales, música y encuentros comunitarios en el norte argentino.
Con el Jueves de Compadres comienza oficialmente el calendario del Carnaval andino, una de las expresiones culturales más profundas y vivas del norte argentino. La festividad se celebra dos semanas antes del Domingo de Carnaval y funciona como la antesala de una extensa seguidilla de rituales populares marcados por la música, las coplas, el baile y el encuentro colectivo.
Luego del Jueves de Ahijados, celebrado el pasado 29 de enero, llega esta fecha tradicional con fuerte arraigo en Jujuy, presencia sostenida en Salta y vínculos culturales que se extienden hacia Bolivia y Perú. En este día, el protagonismo lo tienen los compadres, en un rito que busca reforzar el lazo entre el padre de un niño y su padrino, símbolo de amistad, compromiso y comunidad.
La celebración se vive en casas, peñas, bares y espacios públicos, donde se comparten comidas típicas, bebidas regionales y expresiones musicales populares. El canto de coplas y el baile anticipan el clima festivo que irá creciendo semana tras semana hasta el corazón del Carnaval.
Una semana después llega el Jueves de Comadres, dedicado a las mujeres, y con él se completa este primer tramo de rituales previos. Ambos jueves funcionan como portales simbólicos que abren el tiempo del juego, la alegría y la participación colectiva.
El calendario continúa con el desentierro del Carnaval, ceremonia que se realiza el sábado previo al Domingo de Carnaval, cuando se libera al Diablo del Carnaval, figura que encarna la picardía, la abundancia y el desorden festivo. Allí se realizan ofrendas a la Pachamama, se canta y se baila, habilitando oficialmente los días de celebración plena.
Durante el fin de semana central, el Carnaval alcanza su máxima intensidad con eventos masivos como el Carnaval de Los Tekis en San Salvador de Jujuy y el Carnaval Grande, además de rituales emblemáticos como la Bajada de los Diablos en Uquía y Maimará y el tradicional Martes de Chaya, jornada de agradecimiento a la Madre Tierra.
El ciclo se extiende con el Carnaval Chico, el Carnaval de Flores y el Carnaval de Remache, hasta culminar con el entierro del Pujllay, ceremonia que marca la despedida del Carnaval y el regreso al tiempo cotidiano, hasta que la fiesta vuelva a despertar el año siguiente.




