La Casa de la Cultura abre sus puertas a una noche donde la música será abrazo y despedida luminosa para una de las voces más hondas del folklore argentino.
Hay artistas que no se van: cambian de forma. Este viernes 30 de enero, desde las 21, la sala Juan Carlos Dávalos de la Casa de la Cultura se convertirá en territorio sensible para “Melania Eterna”, un concierto homenaje a Melania Pérez, figura imprescindible del cancionero argentino, cuya voz sigue habitando la memoria colectiva como un rumor dulce y firme a la vez.
La propuesta, de entrada libre y gratuita, nace del impulso amoroso de músicos, familiares, amigos y de la Secretaría de Cultura, y promete ser mucho más que un recital: será un ritual de gratitud, un diálogo entre generaciones, un modo de decir gracias cantando.
Por el escenario pasarán Tono Vaca, Laura Serrano, Gogui Barbosa Quinteto, Milaipa, Victoria Cataldi, Mariana Gutiérrez, Lucía Guanca, Riqui Zarra, Arturo Botelli, Sandra Aguirre, Graciela Merelas y Mario Salim, junto a Marcelo Mena, Pablo Maraglia y Carlos Vargas. Cada interpretación buscará reflejar no sólo canciones, sino climas, gestos, silencios: esa forma tan suya de decir el mundo.
Melania fue una artista sin atajos. Empezó a trazar su destino en la adolescencia con Las Voces Blancas, grupo con el que obtuvo el Premio Revelación en Cosquín, y más tarde fue convocada por el Cuchi Leguizamón para integrar el histórico Vale Cuatro. En los años ochenta, junto a Icho Vaca, dio vida al Dúo Herencia, consagrándose en Cosquín 1981 y dejando además una huella personalísima como arregladora, donde el rigor musical convivía con una libertad poética inconfundible.
Su canto supo abrazar lo ancestral y lo contemporáneo, lo sencillo y lo complejo. Esa identidad se plasmó en discos como Luz del aire, con obras de Tejada Gómez, Castilla, Falú, Perdiguero y el Cuchi, y más tarde en Igual que el agua… cantando, producido por León Gieco y nominado a los Premios Gardel. También llevó su baguala al mundo junto a Dino Saluzzi y Juan Falú, y dejó una joya final con La flor del comprendimiento, donde la tierra, el dolor y la celebración dialogan sin artificios.
Este homenaje se inscribe en una política cultural que entiende que reconocer a los grandes no es mirar atrás, sino sostener raíces. No es casual: Salta viene trabajando en revalorizar a sus figuras esenciales, de Daniel Toro a Falú, de Jaime Dávalos a Sara San Martín.




