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Carnaval salteño: una fiesta con raíces profundas en la historia

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El carnaval no es una celebración improvisada ni una tradición menor dentro del calendario cultural argentino. Para el historiador Miguel Ángel Cáceres, se trata de una manifestación histórica compleja que articula dimensiones religiosas, sociales, políticas y culturales, con un fuerte anclaje en la identidad de los pueblos.

En Salta, esa impronta se vuelve particularmente visible. Cáceres recordó que el primer corso organizado en la provincia coincidió con una fecha emblemática: el 8 de febrero, día del nacimiento de Martín Miguel de Güemes. “Es una oportunidad única para celebrar dos hechos centrales de nuestra historia y nuestra cultura: el carnaval y el natalicio de uno de nuestros máximos héroes”, señaló.

El especialista subrayó que el carnaval tiene una larga trayectoria en Occidente y desmintió la idea de que se trate de una costumbre marginal o ajena a los grandes procesos históricos. Incluso recordó que el primer corso del mundo fue impulsado en 1467 por el papa Pablo II, en el Vaticano, lo que da cuenta de su vínculo originario con lo religioso.

En Argentina, explicó, el carnaval también estuvo atravesado por debates ideológicos. El primer corso nacional se organizó en 1869, el mismo año del primer censo, en un contexto marcado por la discusión entre civilización y barbarie impulsada por Domingo Faustino Sarmiento. “Eso demuestra que el carnaval no solo es una fiesta popular, sino también un espacio donde se expresan tensiones políticas y sociales profundas”, afirmó.

Cáceres también desarmó uno de los mitos más difundidos alrededor de la celebración: la supuesta liberación del diablo durante los festejos. “El carnaval no tiene nada que ver con el diablo. Es, por el contrario, una expresión de la alegría del pueblo, de su necesidad de encuentro y celebración”, aclaró.

Para el historiador, defender y sostener el carnaval en Salta es una forma de preservar la memoria colectiva. “Desde lo cultural, lo político y lo religioso, el carnaval está íntimamente ligado a la identidad argentina y salteña. Los salteños llevamos esta fiesta en la sangre y tenemos la responsabilidad de mantenerla viva”, concluyó.