Con una inversión inicial de 500 millones de dólares, la minera PLASA comenzará la construcción de una planta para producir litio de grado batería. Se espera que la operación genere empleo local y fortalezca la cadena de proveedores en la Puna.
Salta sigue afianzando su posicionamiento como uno de los polos mineros más dinámicos del país. Este martes, el gobernador Gustavo Sáenz encabezó una reunión clave con directivos de Potasio y Litio de Argentina S.A. (PLASA), filial local de la compañía china Tibet Summit Resources, para avanzar en el desarrollo de un nuevo proyecto de extracción de litio en el Salar de Diablillos, departamento Los Andes.
La iniciativa ya cuenta con Declaración de Impacto Ambiental aprobada (Resolución 50/24) y se encuentra en plena etapa de inversión. En su primera fase, la planta prevé producir 10.000 toneladas anuales de carbonato de litio, con el objetivo de escalar gradualmente hasta alcanzar las 30.000 toneladas, apuntando al mercado de baterías de alta performance.
La inversión estimada supera los 500 millones de dólares y forma parte del Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI), al que PLASA se incorporará formalmente la próxima semana.
“Cada proyecto que se concreta no solo ratifica la confianza del mundo en nuestro modelo minero, sino que también abre oportunidades reales para trabajadores, proveedores locales y comunidades de la Puna”, afirmó el gobernador Sáenz durante el encuentro en Casa de Gobierno.
Con esta incorporación, Salta suma su sexto proyecto de litio en marcha, junto a los desarrollos de Eramine Sudamérica, Posco Argentina, Ganfeng Lithium y Río Tinto. En conjunto, consolidan a la provincia como uno de los territorios clave en la transición energética global.
Desde la empresa, sus ejecutivos destacaron el compromiso de operar con estándares ambientales internacionales, el uso de tecnologías avanzadas y la generación de empleo local como pilares del emprendimiento.
Por su parte, la secretaria de Minería y Energía, Romina Sassarini, explicó que el proyecto fue sometido a un riguroso proceso de evaluación ambiental, con participación ciudadana y diálogo intercultural con comunidades originarias, conforme al Convenio 169 de la OIT.
“Este desarrollo no solo representa una inversión estratégica, sino una apuesta concreta al crecimiento económico sustentable de la región”, concluyó.




