La diputada nacional quedó en el centro de la polémica tras afirmar que “los pobres no entienden de macroeconomía”, en un contexto donde el ajuste golpea con mayor crudeza al norte salteño.
Las declaraciones de Emilia Orozco, diputada nacional y candidata libertaria, revelan no solo una mirada clasista, sino también la distancia entre su discurso y la realidad de miles de familias salteñas que hoy sienten en carne propia los efectos del ajuste nacional.
En un informe televisivo, Orozco afirmó que “los pobres no entienden de macroeconomía”, tomando como ejemplo al barrio Solidaridad, uno de los más humildes de la capital. La diputada agregó que resulta “difícil” explicar a comunidades originarias cómo salir del asistencialismo, llegando incluso a recomendar a mujeres indígenas que “no tengan más hijos” si no cuentan con recursos.
Mientras la Nación adeuda a Salta más de 350 mil millones de pesos en obras paralizadas —escuelas, rutas y viviendas en el interior—, Orozco responsabiliza a las propias comunidades por su situación. Su argumento de que pueblos como el wichí recibieron “en exceso” viviendas y obras públicas fue desmentido de inmediato por organizaciones que denuncian abandono histórico en el Chaco salteño.
Lejos de plantear soluciones frente a la parálisis de inversiones y a la crisis social que atraviesa la provincia, la diputada se instala como “influencer” de la provocación política, con frases que reducen a burla la vida cotidiana de los sectores más postergados.
En un norte castigado por la falta de trabajo, la precariedad educativa y el deterioro de la salud pública, la inacción de referentes como Orozco contrasta con el reclamo social que se multiplica en plazas, escuelas y rutas: menos discursos de desprecio y más respuestas concretas.




