El gobernador de Salta cuestionó duramente a la Casa Rosada, acusó incumplimientos y advirtió sobre una ruptura de confianza con los mandatarios provinciales.
En una declaración que marca un quiebre en la relación entre los gobernadores del norte y el Gobierno nacional, el mandatario salteño Gustavo Sáenz lanzó duras críticas al oficialismo. Acusó a la Casa Rosada de haber actuado con “soberbia” y de haber dejado de lado a quienes apoyaron las principales reformas económicas en el Congreso. “Nos sentimos usados”, sentenció.
Durante una conferencia celebrada este miércoles, Sáenz fue tajante: “La lealtad es una avenida de ida y vuelta, y el Gobierno no cumplió”. Con esa frase, el gobernador sintetizó el malestar que se acumula en varias provincias del interior, especialmente entre aquellos dirigentes que, como él, acompañaron las medidas impulsadas por el Ejecutivo desde el inicio de su gestión.
“Fui uno de los pocos que bancó todo el paquete económico del Gobierno, incluso cuando era impopular. Pero no hubo ni respeto ni reciprocidad. Se firmaron acuerdos, se prometieron obras, se hablaron de compromisos electorales… nada se cumplió”, disparó.
Sáenz no se quedó solo en los reproches administrativos. Hizo foco también en la narrativa oficial y su desconexión con la realidad social: “No se puede hablar de equilibrio fiscal sacrificando a los más vulnerables. Hay jubilados, personas con discapacidad, familias enteras que ya no dan más. La gente no vota ideologías, vota desde la bronca”.
Incluso fue más allá, al apuntar contra el rol de los legisladores: “Los leones que enviamos a Buenos Aires se convirtieron en palomas de sacristía. Esa es la decepción que también sienten los salteños”.
El gobernador recordó que su propio espacio político fue intervenido por respaldar políticas del Gobierno nacional, un gesto que, asegura, tuvo un costo político alto y sin retorno. “Lo que más duele no es que no haya fondos: es que se rompió la confianza. Y sin confianza no hay federalismo posible”.
Con la mirada puesta en el próximo 15 de septiembre —cuando se tratará el Presupuesto Nacional y, a la vez, se celebrará el tradicional Milagro en Salta—, Sáenz cerró con una frase cargada de simbolismo político y religioso: “Ese día, ojalá se produzca el milagro. Porque no podemos seguir rogando por lo que nos corresponde por derecho”.




