Cada 1° de agosto, familias salteñas se conectan con una tradición milenaria que honra a la Madre Tierra. Sahumados, ofrendas, cantos y reflexión guían un mes sagrado de reciprocidad.
Con la llegada de agosto, Salta se sumerge en una profunda tradición ancestral de agradecimiento y limpieza espiritual en honor a la Pachamama. Atia Gibaja, presidenta de la Fundación Ecos de la Patria Grande, explicó que el ritual comienza con una limpieza exhaustiva del hogar, continuando con sahumados que purifican el ambiente y protegen la salud de los habitantes.
“El primer día de agosto es clave. Se sahuma muy temprano con plantas desinfectantes y esencias naturales, acompañadas de oraciones en quechua. Agosto es un mes de alta carga energética y biológica, donde aumentan los riesgos de enfermedades. Por eso, se purifica tanto el cuerpo como el entorno”, explicó Gibaja.
Otro de los ejes del día es el consumo del “hoini”, una bebida ancestral rica en vitaminas C y B, destinada a fortalecer el sistema inmunológico. Tradicionalmente era un batido de hierbas, aunque hoy existen versiones con carne y vegetales. La sabiduría andina consideraba que este mes exigía mayor protección para niños y adultos mayores.
La tradición continúa con la corpachada, una ofrenda a la Madre Tierra que se extiende del 1 al 15 de agosto —y en algunos casos, durante todo el mes—. “No se trata de un simple festejo, sino de un acto sagrado de reciprocidad. Le devolvemos a la tierra un poco de lo que nos da: alimentos, gratitud, respeto”, señaló.
Gibaja remarcó también que en las escuelas salteñas se rinde homenaje a la Pachamama a través de cantos, reflexiones y acciones de cuidado ambiental. “Buscamos que los más jóvenes comprendan que la Tierra no es un recurso, sino una madre viva. Esta práctica enseña el valor del Ayni: trabajo compartido, solidaridad y conciencia colectiva”, expresó.
Lejos de los excesos o malinterpretaciones modernas, el rito se realiza en pareja, en familia o comunidad, con el corazón abierto. “Venimos de la Tierra y volveremos a ella. Honrarla es también recordar quiénes somos y cómo elegimos vivir”, concluyó Gibaja.




