La Cámara de Comercio de Salta volvió a advertir sobre el impacto del ingreso ilegal de mercadería y pidió controles reales para frenar la competencia desleal.
El comercio formal en Salta enfrenta una amenaza que no da tregua: el contrabando. Gustavo Herrera, presidente de la Cámara de Comercio local, alertó una vez más sobre la creciente informalidad en el mercado y la falta de controles efectivos en las fronteras provinciales. “La frontera que tenemos no se puede controlar, es muy grande”, señaló con crudeza.
Según Herrera, la presencia de productos ilegales —que entran sin pagar impuestos y sin controles sanitarios— pone en desventaja a los comerciantes que trabajan dentro del marco legal, afrontando cargas impositivas y obligaciones que elevan los costos y limitan la competitividad. “El salteño compra donde puede pagar. Lo entiendo. Pero cuando uno compra en la frontera, no tiene derecho a exigir garantías”, advirtió.
La situación no es nueva, pero sí cada vez más grave. El consumo se vuelca hacia la informalidad empujado por la crisis económica, mientras que el comercio formal ve disminuir sus ventas, cerrar locales y despedir empleados.
Herrera también cuestionó la idea de una apertura comercial real. “Todavía no es tan fácil importar como lo venden. Hay que cumplir con requisitos poco claros y pagar condiciones que hacen inviable el negocio”, indicó. En cuanto al llamado “turismo de compras” hacia países vecinos, lo relativizó: “Tampoco es tan fácil viajar. Hay que tener dinero en mano”.
Desde la Cámara, insisten en la necesidad urgente de políticas claras y controles eficaces. “Si no hay reglas parejas, el sistema formal se va a seguir desmoronando”, concluyó Herrera.




