En medio del frío extremo, cientos de niños de cuarto grado dieron su promesa de lealtad a la bandera en Plaza 9 de Julio. El calor vino del orgullo.
La mañana empezó con escarcha y una plaza tapizada de bufandas, ponchos y emoción. A un grado bajo cero, el corazón de Salta vibró este jueves con una postal inolvidable: más de diez escuelas se reunieron frente al Cabildo para la tradicional jura de lealtad a la bandera, un acto cargado de simbolismo y emoción.
Desde temprano, niños de cuarto grado llegaron con sus familias y docentes. A pesar del frío cortante, los bancos escolares fueron reemplazados por filas firmes frente a la bandera celeste y blanca. Las delegaciones avanzaron con sus abanderados al frente y una energía que ni la baja temperatura pudo apagar. Elisa, directora de la Escuela General Manuel Belgrano, sintetizó el sentimiento: “Trabajamos este momento desde marzo. Hoy, más que una ceremonia, es una construcción colectiva”.
La escena fue cuidadosamente orquestada: SAMEC dispuso ambulancias, la policía armó un dispositivo de seguridad en los alrededores y el tránsito fue cortado sobre calle Caseros, entre Mitre y Buenos Aires. Bajo las recovas, voluntarios ofrecían chocolatada caliente y facturas a quienes esperaban con las manos en los bolsillos y los ojos en los chicos.
Uno de los momentos más conmovedores lo protagonizó Nehemías, abanderado de su escuela, quien acompañó a su hermanito en la promesa: “El frío no importa cuando estás al lado de alguien que querés y vivís esto por primera vez con él”, dijo, visiblemente emocionado.
Con el sol asomando entre las nubes, se izó la bandera nacional, los niños juraron con voz firme, y un pequeño desfile cerró el acto. Las mejillas rojas del frío se mezclaron con sonrisas y aplausos. En el centro de la ciudad, la patria volvió a hacerse presente en la voz de sus niños.




