Por primera vez, un grupo de peregrinos partirá desde Perú rumbo al Milagro salteño, replicando el mítico trayecto de las imágenes que dieron origen a la devoción.
La devoción al Señor y la Virgen del Milagro está a punto de escribir un capítulo inédito. Este 2025, y por primera vez en la historia, una peregrinación partirá desde Perú con destino final en Salta, siguiendo el mismo camino —espiritual y geográfico— que recorrieron, siglos atrás, las imágenes que hoy son emblema de la fe salteña.
Marian Bidondo, peregrina con más de dos décadas de caminatas sobre los hombros y miembro de la comisión organizadora, lo explica con una mezcla de emoción y propósito: “Es una peregrinación histórica. Las imágenes del Señor del Milagro que venían de España naufragaron y encallaron en el Callao. Desde allí fueron rescatadas y traídas a Salta. Este año, vamos a replicar ese recorrido original por primera vez.”
Pero no se trata solo de una relectura del pasado. La peregrinación peruana nace también con un fuerte sentido de presente y futuro. “Cada 25 años, el Papa invita a los fieles a salir al camino. Y este 2025 coincide con el Jubileo de la Esperanza que convocó el papa Francisco. Por eso, más que una travesía, es un llamado. Somos peregrinos de la esperanza”, dice Marian, visiblemente conmovida.
La travesía será tan desafiante como simbólica. A bordo de una camioneta que llevará una urna en el techo, los peregrinos cruzarán pueblos, fronteras y paisajes para recoger las intenciones de las comunidades por las que pasen. “Esa urna —cuenta Marian— traerá no solo la imagen del Señor del Milagro desde el Callao, sino las oraciones de cada lugar. Todo lo que recojamos en el camino será depositado a los pies de la Virgen cuando lleguemos a Salta.”
Manuel, otro de los impulsores del proyecto, explicó que la organización comenzó mucho antes. “En marzo hicimos un viaje previo para trazar la ruta y entregar las notificaciones que nos dio el Arzobispo. Cada pueblo que visitamos nos dijo que nos esperará con los brazos abiertos”, relata con entusiasmo.
El próximo Milagro será, entonces, más internacional que nunca. Una muestra viviente de que la fe, cuando se pone en movimiento, no conoce de límites ni distancias.




