Ningún callejero ha elegido llevar este tipo de vida. No olvidemos que hablamos de animales considerados domésticos, principalmente gatos y perros, que originariamente eran especies salvajes y a las que logramos amansar y someter, por lo que si no tienen un hogar no es su culpa, sino la nuestra, que cambiamos sus costumbres ancestrales y les acostumbramos a nuestra compañía.
Detrás de un animal callejero hay un abandono, actual o de generaciones anteriores, por lo que las actuales se han asilvestrado. Eso pasa especialmente con los gatos, debido a que por su naturaleza son más independientes que los perros, pero también hay jaurías de canes que vagan por campos y ciudades.
Partamos de la base que a menos que tengan algún tipo de problema físico o traumático, los animales no son malos; su peligrosidad dependerá en grado sumo de la actitud que los seres humanos hayamos tenido y tengamos con ellos. Si los acosamos, maltratamos y agobiamos, tendremos a cambio conductas agresivas que responderán únicamente a su instinto de defensa.
Cuando se tienen hembras, ya sean gatos o perros, es fundamental esterilizarlas para evitar embarazos y camadas no deseadas, ya que un gran porcentaje de abandonos es de bebés. Muchos se los quitan nada más nacer y los tiran y otros esperan un tiempo y luego se deshacen de ellos, sin ninguna consideración.



